jueves, 1 de enero de 2009

ACTO OFICIAL DE NUESTRA JUBILACIÓN -DISCURSO PREGONADO POR MI

SERMÓN DEL DÍA DEL MAESTRO
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Saludo a las autoridades asistentes.
Quiero expresar mi orgullo y satisfacción por representaros a todos vosotros en este entrañable acto que la Consejería de Educación, Cultura, Juventud y Deportes a través de la Dirección General de Ordenación Educativa y Universidades programa, hoy día 27 de noviembre, Día del Maestro, en homenaje de los docentes que, tras años de dedicación a su labor profesional, hemos decidido acceder a esta nueva etapa de la vida,nueva etapa que llamamos jubilación. Hay alguien por ahí detrás que todos los días me llama con cariño ( eso espero) jubileta.

Con vuestro permiso me vais a permitir que este homenaje al Maestro jubilado y docentes en general, no se centre solamente en nosotros los profesionales de la enseñanza, sino que lo hagamos extensible a nuestras familias, ya que son ellas, quienes han padecido y quizás más que nosotros, los inconvenientes de ejercer nuestra profesión; ¡Recordad nuestros comienzos! cambiábamos la comodidad de la ciudad por los inconvenientes de los pueblos. Claro está que estos inconvenientes, en la mayoría de los casos, rápidamente se trocaron en satisfacciones.

Si hubiéramos preguntado a nuestros alumnos, ¿qué significa la palabra Jubilación?, después de diversas consultas a diccionarios, elaborar trabajos en pequeño grupo, hacer puestas en común, realizar dibujos y redacciones y fichas al respecto nos dirían : profe, jubilación significa júbilo.
Y tendrían razón. Júbilo sobre todo por haber llegado a la jubilación, meta a la que todos hemos soñado alguna vez. Júbilo por el deber cumplido y la labor bien hecha. Júbilo por nuestra labor educadora sembrada en tantos chicos/as que han pasado por nuestras manos. Júbilo por la satisfacción personal de ser maestro educador. Júbilo por el saludo y la sonrisa con que te obsequian tantos alumnos por la calle y te recuerdan anécdotas , enfados, castigos, de su paso por las aulas,etc. pero sobre todo júbilo porque a continuación dicen “ fue mi maestro o mi profesor y para mí fue el mejor”.

Júbilo en definitiva por todas esas cosas que han llenado nuestras vidas y porque debemos sentirnos jubilosos por estar jubilados esto y por muchas cosas mas, que han llenado nuestras vidas, es por lo que hoy debemos sentirnos felices de ser jubilados.

¡Arquitecto!, ¡Abogado!!Médico!, y un largo etc. de palabras que definen diferentes profesiones, todos sin haberlas ejercido sabemos lo que significan. Pero alguien que no ha sido maestro creo que no pueda definir su significado en toda su amplitud. Hay que haber vivido esta profesión para entender su verdadero significado. Yo no sé que tiene esta palabra de maestro, pero si sé que tiene un significado diferente a las que definen otras profesiones porque todos nosotros nos sentimos orgullosos de decir, cuando nos han preguntado, que somos maestros.

Dicen que esta profesión tiene aspectos de sacerdocio vocacional, puede ser no lo niego, pero lo cierto es que tiene tirón y muchas veces cuando hemos estado incomprendidos por la sociedad, por los padres, por los sindicatos, e incluso por los poderes públicos, siempre hemos impartido nuestra docencia con la mayor normalidad, por aquello de que los niños, con sus caritas ansiosas de aprender cosas, no tenían culpa de nada.

Eso es lo que tiene esa palabra y esta maravillosa profesión de educador, que te llena de grandes satisfacciones personales, al comprobar como esa materia que te entregan los padres la vas modelando con tu santa paciencia, la vas enriqueciendo con la ciencia que impartes, ves como va creciendo y se va formando integralmente a través de tu cariño, de tu afecto, de tu sinceridad para con ellos, de tus consejos, tus tutorías, tus riñas y tus castigos ( porque todo influye en la educación) en definitiva debido, en gran parte, a nuestra labor docente. Y ya, cuando ese chico/a se escapa de nuestras manos y llega a ser una figura, a veces sencilla, otras importante, vemos recompensados nuestros esfuerzos, todos los sinsabores pasados, todas las incomprensiones padecidas; todo ello lo damos por bien empleado, porque esos niños/as y jóvenes, en cuya formación hemos colaborado de forma desiciva, se integran


en la sociedad y compruebas que todo el trabajo no ha sido baldío y es en ese momento cuando llenándonos de orgullo nos ponemos solitos una medalla: La del orgullo y satisfacción por la labor y el trabajo bien realizado.

Y ése es el verdadero homenaje que todos los que estamos en este acto y aquellos, que por circunstancias no están, hemos ido recibiendo a lo largo de nuestra carrera profesional.

Si en estos momentos, en los que hemos llegado a la meta de nuestras preocupaciones y trabajo profesional para disfrutar de un merecido descanso alguien nos preguntara, ¿si fuese posible empezar de nuevo, qué profesión elegiríais? estoy totalmente convencido que, todos sin excepción, volveríamos a ser docentes, volveríamos a ser maestros, volveríamos a pisar barro en aquellos pueblos que nos dieron como primeros destinos, volveríamos a aquellas casas sin calefacción y sin agua caliente, a aquellas escuelas con estufas de serrín ( cuantas veces teníamos que salir a la calle por el humo), volveríamos a que nuestra ropa oliera, constantemente, a ese humo, volveríamos a aquellas escuelas con aquellos ventanucos por los que apenas entraba la luz. Pero también volveríamos a tratar, en aquellos pueblos pequeños, con la gente noble y sencilla que adoraba a su maestro, para la que el maestro era la referencia cultural, al que acudían para confiarnos sus problemas porque creían en el maestro de sus hijos. Hoy en que, desgraciadamente, todo esto se ha perdido, yo volvería a ser maestro en mi primer pueblo ( hoy por supuesto con mayores comodidades) porque todavía existen lazos de afecto y cariño. Y esto que me pasa a mí, os pasa a vosotros queridos amigos y compañeros de camino y ahora de jubilación.

Aquellos que durante tantos años hemos ejercido la profesión de Maestro vemos, en estos momentos, los cambios tan radicales que afectan a la enseñanza y la educación y que provienen de cambios en la propia sociedad. Cambios a los que no siempre hemos sido capaces de adaptarnos como las circunstancias requerían o la propia sociedad demandaba. Por eso ¿Cuántas veces hemos dicho: “ que ganas tengo de jubilarme” “ no aguanto un día más “ etc. y actualmente lo estamos oyendo de nuestros compañeros en activo. La escuela y la enseñanza en estos momentos van contra corriente. La escuela debe ser el contrapunto a la sociedad actual que todos hemos ayudado a conformar: consumista y sin demasiados valores; estereotipos televisivos que confunden a nuestros muchachos/as, programas de televisión ( todos sabemos cuales) que resaltan figuras desde todo punto detestables, revistas supuestamente de actualidad que solamente se preocupan por la venta, personajes verduleros en ciertas tertulias, etc. Esta sociedad ha convertido al maestro en un funcionario más, posiblemente sea bueno y necesario, por aquello de los cambios de los tiempos. Pero digo esto porque, con toda la carga de experiencia que en estos momentos tenemos los que asistimos a este acto , podemos asegurar que algo está fallando en la sociedad actual, en el entorno educativo, en nuestras escuelas e institutos: muchos no sabemos si son consideradas como centros de enseñanza o como meros aparcamientos de niños o jóvenes para gran parte de las familias. Quiero aprovechar este foro para, con todo el cariño, pero también con toda intención, dar un toque de atención a nuestras autoridades académicas, aunque sé que es una de sus prioridades, para que sean capaces de devolver al profesorado su autoestima, la ilusión por su profesión, para conseguir que el maestro llegue a sus aulas con la alegría y afán por educar e impartir docencia como todos nosotros hemos realizado en años más difíciles.

El papel de la familia ha cambiado, está en entredicho, no tanto como institución sino como parte integrante del proceso educativo de sus hijos. Debemos intentar entre todos reciclar los valores que parecen perdidos: como son la educación, el respeto, la honradez, el trabajo, el orden, la fe en su futuro, la moral, etc. y esto solamente se podrá conseguir con una educación y enseñanzas y con un profesorado ilusionado por su labor, pero en la que la sociedad en general y las familias en particular tienen un peso al cual no deben ni pueden renunciar.
Por aquello de que lo bueno si es breve es doble bueno, quiero terminar dando las gracias a todos los que de una manera u otra habéis trabajado para conseguir que todos los maestros y docentes jubilados pasemos un día de fraternidad, de alegría y de compañerismo, y en especial a la Dirección General de Ordenación Educativa y al Servicio encargado de los actos, porque os aseguro y puedo hacerlo con conocimiento de causa, que desde el Director General, pasando por los Jefes de Servicio, hasta el último peón y en horas extras, han mimado este acto, para que todos nos sintamos satisfechos.
En nombre de todos los jubilados, que en este acto somos homenajeados y de sus familias, gracias.

Con todo mi afecto de Eladio Ortiz Salgado. Un Saludo
Logroño, 27 de noviembre de 2000

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